jueves, 11 de julio de 2019

TANGERINE FLAVOUR - Sala El Sol, Madrid, 05/07/2019: Crónica del concierto


por Alberto Iniesta (@Radiorock70)
del blog Discos





Obviando la rabia por no haber podido escribir estas líneas antes (la sobredosis de TFG de última hora, y no de juergas en el Moloko donde me declaro deudor de una y mil visitas, es la gran culpable, señoría), quienes estuvimos el pasado viernes en la gozosa sala Sol disfrutamos de una de esas bandas que, empeñadas en llevarle la contraria a los abanderados del escepticismo en cuanto a la salud del panorama musical actual, ofrecieron un recital de esos que no dejan una sola alma sin calentar. Aunque esta reseña llegue tarde, eso no reduce lo más mínimo las ganas que tenía de ofrecer unas líneas sobre un acontecimiento que me hacía una ilusión especial. Casi dos años y medio después de aquel concierto en la Maravillas donde les descubrí, ver a estos tipos en una abarrotada sala Sol es uno de esos regalos de la vida en forma de algo tan único como absolutamente necesario: la música, esa que de vez en cuando se empeña en poner en su correspondiente lugar a grupos que realmente lo merecen.



No son amigos de grandes discursos los Tangerine Flavour, más allá de los siempre aclamados chistes de Fernando; ellos prefieren apostar el todo por el todo a la música, y no es difícil adivinar por qué una vez que comienza a sonar su repertorio sobre las tablas de la Sol, un escenario inédito para varios de ellos. Algo que, por otra parte, no supuso impedimento alguno para su demostración desde el primer segundo a lo que venían: lo suyo son las canciones que se mueven por unos terrenos cuya versatilidad es directamente proporcional a las voces de los tres capos del grupo: Pablo (aka Clapton de Moratalaz), Polo (aka Miguel Parsons) y Fernando (aka Flea). Pocos grupos pueden presumir del lujazo que es tener tres líderes encima de un escenario con las tablas y el savoir-faire de estos tipos. Perfectamente escudados por Marcus Wilson, uno de esos guitarristas que prescinden de mano para tocar con el alma, Dani Romero estableciendo un serio debate sobre si lo que tocaba era el teclado o el cielo y Pablo Junior a una batería que demostró que la calidad no entiende de edades, arrancaron la noche con un delicioso preludio a su Following The Path Of The Sun. Guitarrazo limpio en para rematar en un estribillo de fuego, con una letra que deberán cambiar pronto porque el sol se les queda pequeño. El bajo de Fernando reclamaba su protagonismo con el eclecticismo de Red River, un ejemplo perfecto del porqué las canciones de los Tangerine no admiten etiquetas. Las teclas de Dani Romero le ofrecen una escalera al cielo a Ballerina, de por sí gloriosa, en uno de los momentos más brillantes de la noche.



Importante también fue el reconocimiento a la figura de Alfonso Ferrer, uno de los nombres propios de la escena musical de Toledo, que salió a tocar Hurt Me para cerrar el círculo comenzado con la grabación del discazo No Hard Feelings. La otra gran aparición de la noche la protagonizó Josu García, escudero habitual de Loquillo amén de una persona con una calidad humana que compite en dura batalla con su excelsa calidad como músico, para bordar una excelente versión del Sister Golden Hair de America. La Marshall Tucker Band tampoco faltó en el apartado de versiones como viene siendo habitual en el grupo, demostrando una vez más con Ten Dollar City Night que lo suyo son las noches, quizá porque como cantaba Alex Turner en cierta canción, “the nights were mainly made for saying things that you can’t say tomorrow day”. La canción que cierra el disco, ese ya himno llamado Time Is Runnin’ Over, volvió a ofrecer a un Miguel Polonio bordando una interpretación inmortal a las seis cuerdas, para recordar por qué es una de las esenciales del grupo. Tras una maravillosa introducción acústica a cargo de Marcus, llegaba la que fue single del disco: South American Style, con uno de esos estribillos concebidos para ser coreados hasta que la afonía haga acto de presencia. Hey Dylan, con unas teclas de Dani que hicieron muy fácil una vez más tocar el cielo, y Song For Alba, hicieron lo que quisieron con mis emociones recordándome que la música está repleta de ellas, estableciendo un puente entre la Sol y la Maravillas que me removió bastante por dentro. No obstante, para terminar el proceso agitador de emociones llegó la conclusión del concierto con el Can’t You See de la Marshall Tucker Band, donde el nexo con el Hey Jude de los Fab Four puso el broche dorado a una de esas noches que, francamente, serán complicadas de olvidar. Viva la música, y vivan los grupos que se atreven a desafiarla para vivir a su costa. Larga vida a los Tangerine Flavour… y largas noches.

No hay comentarios:

Publicar un comentario