viernes, 19 de abril de 2019

Crítica de la película "Micmacs" (Jean-Pierre Jeunet, 2009): Review



by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)




Micmacs à tire-larigot (Mimacs simplemente en versión española) fue una película que me impresionó en su momento, una joya del tándem Jean-Pierre Jeunet y Guillaume Laurant cargada de gags visuales herederos del mimo y la época del cine mudo. La cinta está protagonizada por un fabuloso Dany Boon y cuenta una vez más con Dominique Pinon, el actor fetiche de Jeunet, en el papel de uno de los chatarreros.







El argumento de la que en nuestro idioma podría titularse como Travesuras sin fin nos cuenta la historia de Bazil, el dependiente de un videoclub que se sabe de memoria los diálogos de Casablanca –una especie de Tarantino a la francesa-, al que se le aloja una bala perdida en el cerebro y huérfano a su vez desde que una mina segó la vida de su padre. Al ser dado de alta y sin saber adónde ir, se busca la vida como artista callejero hasta que le adoptan unos recicladores de chatarra que viven en una cueva excavada en el corazón de una momtaña de escombros de metal. Un día, casualmente, su furgoneta se detiene ante la sede de dos fábricas de armas -La Vigilante de l’Armement y Les arsenaux d’Aubervilliers- y reconoce en sus logotipos los que vio tiempo atrás, tanto en el casquillo de la bala que le dispararon como en los restos de la mina que se llevó a su padre. Entonces, con la ayuda de su nueva familia, llevará a cabo un plan para acabar con ambas empresas.







Amiguitos, Micmacs à tire-larigot es una inusual película denuncia disfrazada de comedia, una sátira, un alegato sui generis contra el tráfico de armas con pequeños detalles aparentemente sin sentido que aportan profundidad a la comedia. Un ejemplo es que Bazil hable en flamenco en ocasiones y la chica elástica utilice el chino, cosas del todo inexplicables si no es que deben tener seguramente alguna relación con que tanto China como Bélgica sean unos de los países en los que la producción de armas y su tráfico controlado o consentido por el Estado aporten más beneficios a sus producto interior bruto. La fotografía es impresionante, bella, la puesta en escena genial, el acompañamiento musical impecable, toda ella destila un imaginación desbordada, un humor –en ocasiones bastante negro- que me ha tenido con una sonrisa en los labios durante todo el metraje, con personajes entrañables y de una poesía surrealista que hace tiempo que no me encontraba. Distraída, inteligente, Micmacs es cine francés contemporáneo del bueno que hay que degustar en versión original, una de esas excelsas cintas que incomprensiblemente no llegaban a estrenarse en nuestro país cuando por el contrario estamos hartos de que infames excrementos creados para adormecer aún más las mentes lerdas de muchos de nuestros adolescentes llenan las salas comerciales. En fin, piltrafillas, el mundo es así. Lo sé, no soy demasiado objetivo que digamos cuando se trata de alabar el trabajo de Jeunet, pero... tendréis que fiaros de mí. Ultra-recomendada.

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