martes, 6 de febrero de 2018

Sólstafir - Berdreyminn (2017): Crítica del disco (reseña)


por Edy Fernandes (@edylefer)
del blog Soonatas




La banda islandesa Sólstafir es conocida por su estilo “black metal” que tuvo en sus inicios, una clara influencia proveniente de las cercanas tierras noruegas, pero con el tiempo fueron transformando su sonido hasta llevarlo a una categoría conocida como post rock/metal. En la actualidad está formada por su voz líder y guitarra Aðalbjörn Tryggvason conocido como “Addi”; su guitarra principal en la manos de Sæþór Maríus Sæþórsson “Pjúddi”; el bajista Svavar Austmann “Svabbi”; y para este último trabajo contaron con el baterista Hallgrímur Jón Hallgrímsson.



Cuando en el año 2014 presentaron su disco Ótta sorprendieron a propios y extraños con ese sonido atmosférico cargado de imágenes que se van adentrando en nuestras mentes con cada uno de los compases, son capaces de llevarnos por escenarios inimaginables en los cuales se puede apreciar un mundo diferente. Con Berdreyminn lograron la supremacía, alcanzaron un nivel que parecía inimaginable hace tres años.

Es así como pasearemos por este álbum de post rock/metal con sonidos sludge atmosférico, uno de los discos mejor acabados del 2017, presentando toda una experiencia supra sensorial, levantando escenarios mágicos donde la luz y la oscuridad luchan eternamente, colocando el cielo a nuestros pies y el suelo por encima de nosotros, con sus letras interpretadas en islandés haciendo más enigmática cada una de sus piezas. Posiblemente el mejor álbum del año pasado.




El disco comienza con la magistral “Silfur-Refur”, es una canción envolvente, su sonido te atrapa sin que opongas resistencia, cada instrumento suena a su tiempo y sin invadir el espacio del otro. Tu mente te lanza por un espacio infinito, la batería te permite ir más aprisa, mientras te dejas llevar por la voz enigmática de Addi. Cuenta con un riff que contagia, te va moviendo por los más profundos sentimientos, pasa de lo suave a lo pesado para que puedas liberar toda la energía que está contenida.

Con un sonido más electrónico llega “Ísafold”, es sin duda la canción más diferente del disco, la hace más digerible, propia para llevarlo al plano comercial. El bajo de Svabbi impresiona, arrojando la pieza a un estilo más rockero, mientras los sintetizadores juegan el papel principal. Posiblemente los integrantes de Sólstafir buscaron generar otro ambiente con esta composición, abrieron la puerta para que más de uno pueda entrar con más confianza. Al final aparecen unos violines que de manera sutil cierran el tema más corto del disco.




Llega “Hula”, una canción que está perfectamente elaborada, tiene los tiempos bien comprendidos, una melodía sutil que te va llevando por una triste historia, el piano se encarga de despertar sentimientos profundos, te traslada por una nostalgia que llega ser incomprendida, deseando que el llanto salga para liberar toda la carga de emociones que están atrapadas. Cada uno de los momentos que tiene este tercer track hace que el alma se estremezca ante esa atmósfera de tristeza que se va endureciendo, las lágrimas se vuelven pedazos de vidrios que van abriendo las heridas que no quieren exponerse.

La cuarta canción lleva por nombre “Nárós”, es un recorrido en dos tiempos, uno que es muy lento que nos permite ver todo con mucho detalle, en el otro el sol apenas está empezando asomarse para permitirnos acelerar en compañía de la buena batería de Hallgrímur Jón Hallgrímsson así como del bajo de Svavar Austman. Aquí el rock rasga fuertemente, dejando claro las raíces de estos músicos de esencia metalera. Debes dejar que la atmósfera te envuelva y puedas sentir cada pulsación para hacer que la sangre llegue a todo tu cuerpo.




Un viejo piano se encarga de introducir “Hvít Sæng”, tristemente dulce, como comer un pan relleno de chocolate oscuro sin tostar, así vamos viajando por esta canción que termina encontrándose con el rock, las guitarras y la batería se encargan de estremecernos luego de pasar un tiempo casi en estado de relajación total. El color de esta composición va de lo lúgubre a un gris azulado que no deja espacios para que brille la luz.

El gran momento del disco se hace presente, estamos frente a una pieza progresiva que combina elementos orquestales donde el piano y el violín se van moviendo lentamente para crear una atmósfera cargada de espesa niebla, con cada paso que das te vas encontrando con una composición que rememora aquellas grandes obras de Pink Floyd. La nostalgia te vuelve a invadir, tienes muchas ganas de elevarte, alcanzar las estrellas e ir sacando de ellas cada una de las notas que hagan eterno este momento. Es posiblemente la mejor composición del álbum y lleva por nombre “Dýrafjörður”.




“Ambátt” mantiene el peso de lo progresivo, conjuga diferentes elementos que la hace cautivadora. Su sonido recuerda ese toque de bandas alternativas como los daneses de Kashmir. Inicia con unos coros que pronto tendrán la compañía de una batería con ritmo jazzístico, va creando todo un ambiente experimental que se ve agrandado con la presencia del bajo y del piano. Llega el momento en que entra la guitarra para hacer vibrar, se va sintiendo mucha alegría, la luz se puede ver con esa combinación de teclados y el instrumento de seis cuerdas. “Svabbi” trae de regreso un bajo que parece hacer tronar los cielos, vuelve el gris a cubrir nuestra vista, no hay espacio para pensar mucho, los constantes cambios te arrastran por diferentes mundos que se van entremezclando rompiendo cualquier ley de la física. No hay manera de escapar de esta impecable música.

“Bláfjall” es la llave que cierra la puerta, un órgano que crea un ambiente casi espiritual, pero llega la batería para cambiar las cosas, “Addi” lanza por lo alto su voz para llamar a las guitarras a levantar la esencia del rock. Estamos ante un final que proporciona una mezcla de sensaciones extraordinarias, saben cómo combinar cada instrumento sin necesidad de atropellar, hacen que canción se mueva por distintos géneros en cuestión de segundos. En la medida que avanza los minutos sabemos que estamos cerca del final, el remate de esta pieza crea la necesidad de querer más, colocan un espacio totalmente metal.




Berdreyminn en sí mismo es una propuesta musical, la banda Sólstafir creo un disco que va más allá de su experimental estilo, quisieron llevar sus composiciones a otro nivel, generar toda una gama de sensaciones que van de la más profunda tristeza a una alegría provocada por estar ante la presencia de las más maravillosos escenarios del planeta. Sin exagerar, uno de los mejores álbumes del 2017; es necesario dejarse llevar por esta completa muestra de sonidos bien ensamblados.

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