viernes, 17 de febrero de 2017

Velvet Revolver – Contraband (2004): Crítica review


by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)




Así es, amigos, dicen que cuando no hay pan, buenas son tortas. Por eso, después de ver como el demente Axl Rose y su banda de instrumentistas mutantes retrasaban una y otra vez lo que tenía que ser, al menos en nombre, la continuación de los Use your illusion –si no tenemos en cuenta el álbum de versiones The spaghetti incident?–, cuando Slash, McKagan y Sorum editaron este álbum con el nombre de Velvet Revolver no me lo pensé dos veces. A la mierda el inestable Axl, a la mierda Buckethead y a la mierda la democracia china... y bienvenido sea el revólver de terciopelo.


La verdad es que hacía años que Slash, Matt y Duff le daban vueltas a la idea, pero no fue hasta que participaron en un concierto a beneficio de la familia de Randy Castillo –batería fallecido en 2002 que había pasado por bandas como Lita Ford, Ozzy Osbourne o Mötley Crüe– que se decidieron por unirse de nuevo como banda. Así, tras fichar a Dave Kushner y Scott Weiland, vocalista de los entonces recién separados Stone Temple Pilots, grabaron como Velvet Revolver con producción de Nick Raskulinecz un tema para la banda sonora del The Hulk de Ang Lee y consiguieron un contrato con RCA records con el que editaron este Contraband.




Así pues, con Scott Weiland a las voces, Slash a las guitarras y coros, Dave Kushner a la guitarra, Matt Sorum a la batería y coros y Duff McKagan al bajo y coros –con la colaboración a los teclados de Douglas Grean–, los Velvet Revolver confiaron en Josh Abraham para producir –con ellos metiendo baza, por supuesto– en los NRG studios este fantástico álbum de debut que a algunos nos supo a gloria. 

Y partiendo de la base que, tanto en su momento como en la actualidad no soy ni seguidor ni conocedor de la obra de Weiland, la impresión que me llevé cuando coloqué el cedé en el reproductor se sustentó únicamente en mi conocimiento del sonido gunner. Así que quizás se adviertan reminiscencias a Stone temple pilots en este álbum, pero lo cierto es que a mí me pareció muy fresco y novedoso porque en ese aspecto los Velvet Revolver llegaban a mí sin que tuviese ni idea de como sonaba el vocalista de San José. 




El extenso track list fue el siguiente: 

Sucker train blues 
Do it for the kids 
Big machine 
Illegal I song 
Spectacle 
Fall to pieces 
Headspace 
Superhuman 
Set me free 
You got no right 
Slither 
Dirty little thing 
Loving the alien 

Sucker train blues comienza con el bajo de Duff preeminente sobre una serie de sonidos de sirenas y cuerdas de guitarra que se convierte en un rápido hard-rock súper compacto con estupendas melodías vocales. Estupenda carta de presentación que junto al tema Slither –que ya había visto en vídeo– provocó en mí una gran alegría y la constatación de que a) Slash y McKagan le habían ganado la partida a un enajenado Axl Rose, que aún tardaría cuatro años más en sacar la continuación de Use your illusion con ese chiste de banda al que se empeñó en seguir llamando Guns n’Roses y b) no había malgastado mi dinero. Do it for the kids es un temilla muy repetitivo y algo simple, pero de sonido potente y resultón. Big machine tiene esos guitarrazos típicos de Slash, la poderosa base rítmica de Duff y Matt y unas melodías estupendas, lo mismo que puedo decir de Illegal I song con su batería machacona, guitarreo máximo y una voz extremadamente diferente a lo que Axl podía ofrecernos. Sin duda, cuando escuché el disco por primera vez pensé que ESOS eran los Guns n’Roses del siglo XXI. Spectacle suena incluso más potente aún, con Duff dándole al bajo y Matt aporreando sin descanso los parches mientras Slash y Kushner le dan a las guitarras transmitiendo fuerza, ilusión y frescura. Puro hard rock punkarra. Fall to pieces no es November rain, pero nos deja advertir que el núcleo duro de los Guns no ha perdido la capacidad de crear canciones emotivas.




Y tras ese pequeño descanso, Headspace sigue la tónica general del resto de temas y Superhuman es más de lo mismo, esta vez con un riff afilado y repetitivo alrededor del cual se desarrolla un tema que en algunos momentos me recuerda vagamente a Alice in chains. En Set me free, Weiland incluso parece que imite a Axl alternando su voz normal con frases en un tono más grave. Evidentemente, ahí acaban las semejanzas. Musicalmente, encuentro que el tema es demasiado parecido al anterior, aunque fue el primero que –como ya he dicho antes– grabaron como banda. You got no right es delicada y tierna al principio y va creciendo hasta desembocar en un solo cargado de sentimiento, vamos, una canción a lo Don’t cry, salvando las distancias. Entonces llega Slither, el tema con el que –pese a tratarse del segundo single– descubrí realmente al álbum y la banda, un temazo pegadizo y potente que también me trae recuerdos de Cantrell y Staley. La siguiente es Dirty little thing, mi preferida de todo el cedé, tanto en su aspecto musical –aún hoy me dan ganas de saltar dando vueltas por el comedor haciendo air guitar– como en el visual. El clip con sus escenas de animación es sensual, sudoroso y alucinante. Y tras esa descarga de adrenalina, la banda optó por despedir el álbum con una balada titulada Loving the alien la mar de bonita.




En resumen, un álbum fantástico e imprescindible para los fans de Guns n’Roses. No puedo decir lo mismo de su continuación, Libertad, que opté por no comprar al no entrarme en las primeras escuchas que pude darle y que hoy en día sigue sin atraparme.

Para ilustrar mis palabras os acompaño una selección de temas que espero que disfrutéis.














¡Feliz fin de semana! 

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