domingo, 27 de noviembre de 2016

Microrrelato "Los Dioscuros" (Cosas en los bolsillos, nº 154)



Los Dioscuros

Los tres Dioscuros son caprichosos, pero a la vez necesarios, necesarios para el mundo, imprescindibles para el futuro de la Humanidad. Y, más aún, son inmortales. Eso es indiscutible, no hay quien lo ponga en duda: el tiempo les asiste habiendo visto desfilar ante sus ojos generaciones y generaciones de peña, la masa cuasi eterna de los hombres desde que habitan en este planeta que bautizaron Tierra unos parientes lejanos de origen sideral.

Todos los diarios recogen la noticia: Se aplaza la reunión de los Dioscuros para la semana próxima por indisposición de uno de ellos. Incertidumbre en el ambiente. ¿Indisposición? ¡Pero qué coño...!

La nueva noticia -tan solo dos días después- no es precisamente halagüeña: Se aplaza sine die la reunión de los Dioscuros. "El estos días indispuesto ha caído en un incomprensible coma profundo sin causa aún diagnosticada" (es titular internacional, claro).

Así las cosas (no hay reunión), los otros dos se asocian para perderse en la noche, disfrazados, y acabar recluidos en un bar de copas. El periodista los ha seguido. Quiere información, y una conversación robada puede significar la consecución de su anhelado estrellato. El periodista juega al despiste haciéndose el borracho y vistiendo la apariencia en el gesto de aquel a quien nada le importa lo que hablen los dos mamarrachos que hay a su lado con trajes de campesina (sic). La conversación se alarga, y las copas no dejan de ser nuevamente llenadas, henchidas hasta rebosar, a destajo, por el eficaz camarero de la cara pálida. Pero nada se habla de bombas nucleares, nada de pactos, de predicciones, de la disposición de las estrellas, del guiño de las cornejas, de lo que revelan las vísceras del pollo asesinado sin juicio previo, del vaticinio del oráculo. Si no fuera porque el periodista conoce las identidades de quienes se ocultan bajo el aldeano disfraz, hubiera pensado el reportero que se trata únicamente de un par de gilipollas sin arrestos. Solo hablan de mujeres, de esta o la otra marca de vino, ¡de fútbol!, del último guateque en casa del presidente... Salen los dos, al fin, del pernicioso antro, pero también el periodista, dando tumbos por las calles, canturreando (los tres, en camaradería estrecha) canciones de la infancia y algo subiditas de tono… porque él también ha bebido lo suyo, el periodista: nunca aguantó demasiado. Y al final, ninguno del trío recordará a la mañana siguiente cómo transcurrió el resto de la noche. Mejor así, mejor, sin duda… porque los tres pasaron por el ritual del connubio en el templo cristiano (sí, también los dioscuros están felizmente-casados).

El Dioscuro hospitalizado ha muerto. Así lo recoge la prensa. Las bolsas han empezado a tambalearse. Ni un repunte en una semana; se abaten en caída libre y los mercados echan humo. Se busca a un tercer Dioscuro para ocupar la plaza, pero ni debajo de las piedras se encuentra un ejemplar de esa raza extinta, por alienígena quizá (quizá). Se redactan las disposiciones de la convocatoria para acceder a la plaza vacante. El periodista presenta su currículum. Cae la noche y llueve copiosamente estos días. Duermen los Dioscuros su resaca mientras sus mujeres hablan por teléfono comentando la jugada de estos pájaros. Habrá que atarlos corto (determinan).

ÁCS

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