domingo, 29 de mayo de 2016

Crítica de "La bruja" (Robert Eggers, 2015): The Witch film review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



Precedida de buenas críticas y su premio a la mejor dirección en Sundance, el debut de Robert Eggers es una particular y notable mezcla de drama psicológico y cinta de terror que pretende huir en todo momento de los clichés del género.

Planteada en base al brillante encuadre y el uso del plano-contraplano, limitando los trucos y los movimientos de cámara, en una concepción estilística valiente en un debutante que se apoya en un notable uso de la banda sonora de Mark Korven, La bruja logra sobrecoger con un imaginería sencilla que causa el escalofrío con los mínimos ingredientes y gracias a una conseguida atmósfera.



Un ritmo lento, pequeños detalles inquietantes en la puesta en escena, en los encuadres, esa fotografía agobiante y claustrofóbica que incide en la humedad y los nubosos grises del entorno, una indudable belleza en su elegante truculencia tanto en exteriores como en los interiores nocturnos e iluminados, va logrando hipnotizar y someter al espectador.

La frontalidad como columna vertebral del estilo, esos planos donde las figuras de los personajes son casi ocultadas por las ramas del bosque en plano general, el minimalista uso del contraplano para causar pavor (la desaparición del niño es un magistral exponente), son algunos de los depurados recursos del director.

Se va del plano corto al general y viceversa con un rigor y sentido extraordinarios, sin énfasis, arbitrariedad o esteticismo gratuito.




Sólo hay un par de sustos a traición en la película, al final de la misma, con apariciones repentinas, lo demás es pura atmósfera que apuesta por la narrativa y concepción clásica de terror, de atmósfera y sugerencia, y no por el impacto y el susto.

La religión, el sentimiento de culpa, el mal, la paulatina corrupción familiar a través de las ocultaciones, vicios y mentiras… son temas que se van desarrollando con acierto en esta estupenda cinta, donde se van exponiendo de diversa manera y personificados en sus personajes los distintos pecados capitales que van minando la apacible vida de esa familia aislada.




Las estampas cotidianas nos remiten a pinturas flamencas y nombres como Vermeer, Rubens, Van Ostade, Teniers, Ruysdael, Rembrandt, Brueghe… Además tenemos un buen número de símbolos demoniacos y de diversa índole, destacando ese macho cabrío negro, las manzanas, el cuervo negro... El bosque como lugar de misterio, de magia, de vínculo y paso hacia lo oculto, a nuestros peores miedos, a lo desconocido, está maravillosamente mostrado.

Referentes como “La cinta blanca” (2009) de Haneke o “El bosque” (2004) de Shyamalan han sido my citados, aunque el que me vino a la cabeza de inmediato fue el de “Dies Irae” (1943) del gran Dreyer en su belleza estilística, frontalidad y reflexión sobre el fundamentalismo y radicalismo religioso.




Del mismo modo, es imposible no llegar al vínculo del relato con el cuento infantil, a menudo terroríficos, como “Caperucita Roja” o “Hansel y Gretel”, donde el lobo, la bruja, la capa roja, la manzana envenenada, la magia, aparecen en la narración con toda su fuerza. El relato de cuento entroncado con las leyendas y el mundo infantil.

La película se resiente en ocasiones de falta de ritmo al entregarse decididamente a la atmósfera, por lo que el recurso del fundido a negro acaba resultando algo anticlimático por abusivo. Los cortes abruptos, transiciones bruscas, funcionan con irregular acierto.




Los que busquen emociones fuertes, sangre y sustos, que se abstengan, pero los que quieran una cinta de tintes terroríficos distinta, depurada y artística, que se aleja del tópico, pueden descubrir en “La bruja” un trabajo que les satisfaga.

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