jueves, 5 de mayo de 2016

Crítica de "Deliverance" (John Boorman, 1972): film review


por Möbius el Crononauta



Es el rumor que corre. Dicen que ésta es la película que Sam Peckinpah quiso dirigir pero que finalmente se le escapó de las manos, recurriendo entonces al proyecto de Perros de paja, un film que guarda varios puntos en común con éste. Sin embargo, fue el director John Boorman quién se haría con los derechos de la historia. Parecía como si la historia de 2000 Maniacs fuera a ser llevada al cine de serie A, aunque Boorman logró crear un film con algunos de los momentos más perturbadores de aquellos tiempos.



Jon Voight, Burt Reynolds, Ned Beatty y Ronny Cox son cuatro tipos de ciudad que liderados por Lewis Medlock (Reynolds) se lanzarán a una aventura en un río de la América profunda antes de que toda la zona desaparezca debido a la construcción de un embalse. Sin embargo, lo que iba a ser un viaje de placer se tornará en pesadilla cuando unos inadaptados lugareños les sigan y les pongan las cosas difíciles.

En Deliverance Boorman especula con el encuentro entre la ciudad y el campo, la civilización y la naturaleza. El aire de condescendencia con que los cuatro ejecutivos tratan a las gentes del lugar contrasta con la desconfianza con que los lugareños contemplan a esos tipos de ciudad. Como si aquel viejo axioma que dice que todo aquél que no respete a la naturaleza correrá el peligro de perecer en ella, Lewis y sus compañeros se ven abocados también a un destino incierto al minusvalorar el peligro que puede entrañar un lugar tan inhóspito con gentes prácticamente aisladas de la civilización.




Ya una de las primeras escenas de la película pone en aviso al espectador de que aquellos bosques son distintos a lo que uno espera encontrar. En uno de los momentos más inolvidables del film, Ronny Cox coge su guitarra y comienza a improvisar con un extraño ser que tañe un banjo. En un principio nos encontramos con una escena feliz, casi bucólica, donde un hombre de ciudad toca con un chaval que aunque parece presentar cierta deficiencia mental tiene una técnica prodigiosa. El niño ríe mientras toca endiabladamente una canción arreglada para el film que alcanzaría una gran fama, "Dueling Banjos", basada en un viejo tema de los años 50. Pero toda la atmósfera alegre se rompe cuando la canción finaliza: cuando un entusiasta Cox se acerca a darle la mano al chaval, éste cambia su expresión por una de franca hostilidad, y lleva su mirada a otro lado (la expresión se consiguió con Ned Beatty acercándose, ya que Cox le caía demasiado bien al niño como para que mostrara todo ese desprecio). La respuesta de Bobby, el personaje de Beatty, refleja su actitud de turista urbano: "dale un par de dólares y vámonos".




Aunque sin duda alguna la escena que siempre será asociada a Deliverance es la violación de Bobby. Había leído varias versiones sobre el rodaje de esa escena, y hasta ahora casi estaba convencido de que el loco de Boorman había contratado a dos locos lugareños para que atormentaran al pobre Beatty. Pero investigando un poco he dado con unos fragmentos de la autobiografía de Burt Reynolds que seguramente deben ser una fuente algo más fiable. Para empezar, y viendo los créditos, el montañés que viola a Bobby es Bill McKinney, el sádico capitán Terrill de El fuera de la ley. Vamos con un pequeño fragmento del libro, palabra de Reynolds:

Creía que el otro tipo, Bill McKinney, estaba un poco ido. Solía levantarme a las cinco de la mñana y le veía correr desnudo a través del campo de golf mientras los aspersores regaban la hierba. Un tío raro, se mudó a L.A. después de Deliverance y trabajó en un montón de películas de Clint Eastwood. Siempre interpretaba a psicópatas, pero los interpretaba bien. Con mi sentido del humor negro él me divertía. Pero conforme nos acercábamos a la escena de la violación le pillaba observando a Ned Beatty de una forma extraña y desconcertante. Ned se percataba y miraba a otra parte.




Aunque McKinney no fuera un redneck de mente débil por lo visto se las hizo pasar canutas al pobre Beatty de todas formas. Antes de rodar la escena McKinney se acercó al orondo actor y le musitó algunas palabras. Un alterado Beatty llamó al director y Boorman tuvo que ir y calmarle. En vista de que la la escena prometía ser problemática, Boorman trajo más cámaras, ya que no parecía que el nervioso Beatty fuera a estar dispuesto a aceptar más de una toma. Cuando el director gritó "¡acción!" comenzó el particular via crucis de Ned Beatty. McKinney comenzó a improvisar todas esas frases sobre cerdos y esos chillidos, y según Reynolds cuando el montañés intenta cabalgar sobre el pobre Bobby fue otra salida de madre del retorcido McKinney. Durante unos agobiantes minutos McKinney torturó psicológicamente a Beatty hasta que Reynolds intervino y apartó al actor aprendiz de psycho, dejando a Beatty en un mar de lágrimas. En otra versión de la historia, McKinney ha desmentido las palabras de Burt Reynolds. Sea como fuere, Boorman logró rodar una de las escenas más perturbadoras de la historia del cine, que provocó reacciones realmente tensas en el público de los primeros 70.

A partir de ahí la película se convierte en un relato de supervivencia de los cuatro urbanitas hasta el desenlace final, pero lo cierto es que tras una escena tan impactante el nivel general de la cinta parece decaer un poco, que no el interés por la historia.


En resumen, Deliverance es una gran película, algo olvidada quizás, pero lo bastante interesante como para requerir un visionado inmediato, amén de contener dos de las escenas más famosas de los años 70. Por cierto, aquellos que hayan visto la cinta, ¿no les recuerda el final de Deliverance al de cierta película de terror de 1980? Y es que John Boorman sabía como llevar la inquietud al espectador incluso hasta los créditos finales.

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