miércoles, 3 de febrero de 2016

Elvyn - Valley of the Kilowatt Hour (2015): Crítica del disco Review


por Addison de Witt (@Addisondewitt70)




Empiezo a pensar que se me ha parado el reloj, ya metidos en febrero y yo continúo anclado en el año pasado, no es normal, pero tampoco lo esta siendo este principio de curso, así que...

También es cierto que el motivo disquero que me planta hoy ante el ordenata es uno de los que llegaron a última hora del 2015, y no hubo tiempo para profundizar.

Una única escucha vía bandcamp antes de las navidades me fue suficiente para ponerlo en mayúsculas en el apartado de imprescindibles. Y como todo lo que tiene que llegar... llega, finalmente he acometido la escucha, debo añadir que feliz, de este tercer trabajo de la banda canadiense Elvyn, que lleva por título: Valley of the Kilowatt Hour.

Estos cuatro individuos se toman con calma y mimo la confección de sus discos, tres en trece años, cierto que la escucha de cada uno de ellos justifica la espera entre lote y lote habida cuenta de la calidad que cada trabajo encierra.




Este tercero no iba a ser menos, y vuelven los canadienses con un nuevo cancionero en el que el pop y el powerpop son los palos que marcan las reglas sónicas del trabajo. Sensacionales melodías, estupendas armonías vocales de pegadizos estribillos, guitarras de dulzura nada empalagosa que en ocasiones miran a aquellas que los Fab Four se sacaron de la manga para la confección de "Rubber Soul" y en otras a las típicas de los Byrds.

Tampoco se escapan de la vendimia de influencias otros grandes del género como Big Star o Teenage Fanclub, es por ello normal que el caldo resultante de la correspondiente maceración en el estudio sea exquisito, dulce y refrescante a un tiempo.

Once copas de delicioso néctar que da gusto paladear sin prisa, recreándose en el regusto de juventud y lozanía de sus canciones, dejando que su aroma provoque sonrisas y bienestares, que su frescor excite la laringe que sin vergüenzas se salta al ruedo de un decidido tarareo.

Once tragos de ambrosía sonora que comienzan con el tema de lanzamiento de todo el lote titulado: "Ellie" y cuya perfección popera es tan entregada y luminosa que se convierte en un estado de ánimo más que en una canción, un excelente estado de ánimo.




Pero como ya habrán adivinado la cosa no se queda en esta perla, "This is the end" es un disparate guitarrero de sutil melodía y estribillo feliz y juguetón, algo parecido ocurre con "Here we surrender" y su acariciador riff, "Landslide cities" tiene un ropaje rockero irresistible sin perder el terciopelo y en "Last laugh" se dejan seducir por el blues y el aroma negro en una excelente copla humeante y oscura.

Cuando los Beatles se adueñaban del rock de Buddy Holly crearon un ritmo pop de esencia rockabilly que es a lo que nos evoca "Turning me down" en la que se cuela un órgano de lo más inocente y encantador.

Mas riffs, en "AM" encendidos y furibundos pero urgentes y acariciadores; también hay ecos de los Beatles en "True luv can't hide", y un pop de esencia más californiana y soleada en la bonita: "Robins song".

Incluso acentos al country fronterizo del desierto en "Bread and buttler", a la que iluminan sones a lo Buffalo Springfield o incluso a unos Wilco de los primeros tiempos.

Se cierra este recorrido soleado y apasionado con una preciosa balada folk que me emociona de forma especial y que nos dice "Everyone is calling my name".

Estupenda colección de canciones que firman una digna continuación a los fantásticos: "Diez Car Stereo", y al sublime "The Decline", más pop, más canciones bonitas y dadivosas de paz y relajo para este principio de año tan irregular.

Addison de Witt

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